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Las buenas prácticas agrícolas consiguen una reducida huella de carbono en el cultivo del brócoli

El sector de la alimentación ha empezado a tomar conciencia de su responsabilidad en la protección del medio ambiente, y por lo general suelen ser los colectivos y las organizaciones relacionadas con los vegetales las que llevan la iniciativa en esta labor.

En ese sentido, desde la asociación sin ánimo de lucro +Brócoli sostenemos que la horticultura practicada hoy en nuestro país es claramente positiva en cuanto al balance del carbono, pues fija más dióxido de carbono del que produce. Según señala Javier Bernabéu, secretario de la asociación, así lo refleja un minucioso estudio llevado a cabo desde hace varios años por diversas instituciones de investigación de la Región de Murcia, y que sirvió de base para la iniciativa ‘Agricultura murciana como sumidero de CO2’.

Para el experto, el balance definitivo del carbono de cada cultivo o, lo que es lo mismo, la huella de carbono de cada producto, queda definitivamente supeditada al modelo de agricultura que se realiza y al destino final de todos los componentes de la producción. “La aplicación de las buenas prácticas agrícolas resulta decisivo en dicho balance pero también el correcto manejo de los productos resultantes. No sólo el procesamiento y el destino del producto –alimento o materia prima–, sino también de los subproductos agrícolas –restos del cultivo, podas– e incluso del manejo de los residuos y materiales utilizados en el cultivo –plásticos, maquinaria, etc.–”, afirma.

Todo este complejo sistema, en el caso del brócoli, es, para Bernabéu, “claramente positivo para la fijación de CO2 y, por tanto, reducción de la huella de carbono”.  Y añade que, siguiendo las prácticas agrícolas que la gran mayoría de agricultores realizan, el estudio anteriormente citado determina que el brócoli fija algo más de 4 toneladas de CO2 por hectárea, “incluso si dicho brócoli es consumido en el norte de Europa, para lo que requiere un transporte que representa más del 30 % de las emisiones totales del cultivo”.

Transporte ferroviario

Por último, en relación a las emisiones involucradas en el proceso productivo, destaca que se podría reducir de forma considerable el impacto del transporte de las frutas y hortalizas producidas en España y consumidas en el norte de Europa si se toman las medidas adecuadas. “Llevamos muchos años anclados en el transporte por carretera que es el sistema menos sostenible de todos los posibles –a excepción, naturalmente, del transporte aéreo—”, señala Javier Bernabéu. Es por esto que desde el sector llevamos años reclamando un sistema ferroviario para este transporte, un Corredor Mediterráneo, con el que reducir de manera importante la huella de carbono que produce.