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Pilar Serrano

“La escuela y las familias deberían fomentar más el consumo de brócoli y verduras”

Pilar Serrano es una niña que se divierte con sus compañeros de entre 3 y 6 años en un cole público de Boadilla del Monte (Madrid). Una chiquilla que escribe lo que hace mucho, mucho tiempo, le habría gustado leer. Pilar es una chavalita un poco especial: tiene 42 años y es la maestra. Y una prolífica autora de literatura infantil, traducida a varios idiomas. Si mamá dice blanco, papá dice negro, La huelga de las gallinas, Lobo solo buscaba wifi, El abrigo que atrapó a Rodrigo son algunos de sus títulos. El último, El viaje de Brócoli (Nubeocho, 2019), ilustrado por Agnese Barazzi. Se confiesa una enamorada del brócoli.

¿Respondes al clásico caso de niña lectora empedernida que de mayor se hace escritora?

En absoluto. De niña era una pésima lectora, odiaba a muerte los libros. Mis maestros no me dejaban leer cómics, que es lo que verdaderamente me apetecía. Querían que leyera lo que a ellos les interesaba. En el instituto ya me convertí en lectora habitual. Y desde niña siempre escribí, aunque lo dejé en la adolescencia. Lo retomé en 2009, cuando tuve a mi hija y le escribí un libro. La maternidad te empodera [sonríe].

¿Cómo se te ocurrió convertir al brócoli en protagonista de tu libro?

Hay una parte del libro que es “la fiesta de la barriga”. Mi sobrina no comía y cuando se dejaba algo en el plato le decía, ¿cómo vas a dejar esto sin ir a la fiesta de la barriga?. Esa es la idea principal. ¿Cómo la convertí en brócoli? Pues no tengo ni idea, supongo que porque me encanta comer brócoli. El brócoli me hace mucha gracia por eso de que tiene forma de árbol, los niños lo miran extrañados. La verdad es que no recuerdo cómo surgió la idea de hacer protagonista a esta verdura. Me senté y salió la idea. Recuerdo que, además, esos días fui al IKEA donde había un peluche de brócoli y entonces ya me sirvió para rematar la idea.

Superbrócoli en realidad es el auténtico superhéroe porque salva vidas de la mejor manera posible: gracias a las propiedades que tiene para la prevención de enfermedades.

Sí, el brócoli es el anticancerígeno por antonomasia. Tiene muchas cualidades. Además, hay que valorar el esfuerzo que hace. Lo que llega a nuestras manos ha tenido una vida, un camino desde que te seleccionan, te plantan, creces, sobrevives, te llevan al mercado, no cabes en la basura.. Y te salvas. Es una heroicidad llegar hasta el plato.

Como educadora y escritora, ¿conseguir que los niños coman verduras, en este caso brócoli, es una batalla perdida?

Tengo hijos, soy profe y te digo que sí, que cuesta un montón. En el colegio comen de todo, si hay verduras se las comen. Luego en casa, no, pero en el colegio no van a ser ellos los que llamen la atención. Al final comen; poco, pero comen. Mis hijos, por ejemplo, comen espaguetis con brócoli y anchoas.

La clave está en ponerle imaginación

Sí, porque el brócoli sólo, sin más, no lo comen. Yo sí, al vapor, con aceite y sal.

¿Se hace lo suficiente en las familias y en las escuelas para fomentar el consumo de brócoli y verduras en general?

No. Y creo que se hace todavía menos en las familias que en las escuelas. Ese aspecto hay que mejorarlo. Hay padres que ven un rato a los niños por la noche y no se complican la vida. Piensa que la verdura que se la coman en el cole.

Vamos, que en la nutrición muchas familias también dimiten y delegan toda la responsabilidad en exclusiva a la escuela. Como en otras facetas de la educación.

Creo que así es. Yo misma a veces lo hago. Porque es una pelea, una lucha brutal con los hijos y como siempre vas con prisas pues dices, bueno pruébalo. Con poco entusiasmo. Aunque insisto en que mis hijos sí comen brócoli.

Lo de animar las verduras, darles vida como personajes, cuando al final se las comen los niños. ¿No puede generar tantos traumas infantiles como la muerte de la mamá de Bambi?

Sí, una especie de canibalismo [bromea]. Ahora en serio. No, los niños son muy inteligentes y diferencian muy bien entre realidad y fantasía. Yo les explico cuentos de gallinas, se encariñan con la gallina y yo les digo que este es el pollo que os coméis. Y dicen, “es que tenemos que alimentarnos”. Saben que hay que comer brócoli; a veces te dicen, “es que el brócoli no tiene sentimientos”.

¿Por qué sigue considerándose un género menor la literatura infantil, cuando maneja códigos de comunicación más complicados y exige mayor responsabilidad y conocimiento del lenguaje?

Sí, esa falta de consideración nos acompaña a los de literatura infantil. Siempre nos preguntan, ¿cuándo vas a escribir algo para adultos? Yo estoy muy cómoda escribiendo para niños. Es muy difícil porque son muy exigentes. Dices que va a venir Mónica Rodríguez que es la Cervantes Chico de literatura infantil y juvenil y la gente no sabe ni lo que es ni lo valora. Y sí, es mucha responsabilidad escribir para niños porque les marcas mucho. Es con lo que crecen. Se crían con sus títulos favoritos. Y se lo releen y se lo saben de memoria.