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Catalina Prieto: “El brócoli es muy interesante por su versatilidad y por sus bondades a nivel nutricional»

Hay proyectos que son una auténtica demostración de amor hacia la cocina. Y luego hay proyectos como el de Catalina Prieto, máster en Nutrición Humana y Salud y fotógrafa y estilista alimentaria, que a través de 24 zanahorias demuestra que se puede comer delicioso sin renunciar a hacerlo de forma saludable. Lo hace a través de ideas muy fáciles –en el blog y en sus redes sociales–, que cualquiera podemos hacer en casa, y además nos ofrece un montón de información útil sobre nutrición. Es una auténtica fan del brócoli y reconoce que lo utiliza muchísimo durante todo el año, sobre todo cocinado de la manera más sencilla que existe: cocido al dente y aliñado con un poquito de limón.

Con ella hemos hablado de alimentación saludable, de cocina y de brócoli, claro. Lean y degusten con calma esta deliciosa entrevista.

 

Llevas años divulgando información sobre nutrición a través de 24 Zanahorias y demostrando que se puede comer rico y sano. ¿A quién te diriges con tu proyecto?

A cualquiera con la suficiente curiosidad por hacer alguna modificación positiva, por pequeña que sea, en su forma de alimentarse. Facilitar y compartir es importante, emocionar más y si con ello consigo contagiar ese mayor espíritu crítico, curiosidad y apelar a la responsabilidad personal, aquella que puede hacer que nuestra conducta cambie en relación a la alimentación. Hacer sentir que lo podemos hacer mejor y como consecuencia actuemos con coherencia y trabajemos por nuestra salud actual y futura a través de la toma de mejores decisiones.

 

¿Nos cuesta aprender –o mejor dicho desaprender– a comer?

La conducta humana es compleja y en la mayoría de los casos tener la información adecuada no es suficiente para cambiar algo. De ser así todo el mundo comería saludable y las enfermedades no trasnmisibles no tendrían una prevalencia tan alta. Solemos ser cómodos, solemos relajarnos, solemos dejar para mañana, solemos repetir los mismos gestos porque eso no nos implica replantearnos nada, además de que ese comportamiento viene muchas veces reforzado por nuestro entorno. El aprendizaje es un proceso que implica un esfuerzo pero que nos reporta satisfacción y mayor sensación de autonomía y autogestión, y eso solo se da con el  tiempo. Solo debemos atrevernos a comenzar teniendo clara nuestra motivación.

 

No sé si ocurre que comemos peor de lo que pensamos pero, lamentablemente, estamos tan convencidos que es difícil cambiarlo. ¿Qué opinas?

Lo que cada uno considera no tiene porque asemejarse a la realidad, solemos comer lo que nos gusta comer, ya sea porque hemos aprendido a comer en el tiempo y con la voluntad de hacerlo mejor, ya sea porque no nos preocupamos y comemos lo que nos resulta más bueno al paladar, al bolsillo o simplemente lo que alguien nos ha preparado para comer. Son decisiones muy personales, el sentido del gusto es tan primario que no es tan fácil aventurarse en ese terreno. Siempre es importante transmitir de la forma más rigurosa posible y con el máximo respeto por quien está al otro lado.

Los condicionantes que nos pueden conducir a una peor o mejor alimentación suelen agruparse en factores personales o ambientales y son múltiples. Existe mucha información accesible pero no todo el mundo cuenta con los conocimientos necesarios para interpretarla correctamente, si a eso le sumamos que lo que se transmite, en tantas ocasiones, no es suficientemente riguroso, pues no debemos obviar este factor. Los condicionantes personales son muy fuertes tanto en sentido positivo como negativo, las creencias que vienen con nosotros y las rutinas que repetimos pueden llegar a ser muros infranqueables para muchas personas pero, ya somos unos pocos los que hacemos por ampliar el conocimiento y ofrecer alternativas que faciliten dichos cambios.

 

La repostería también trae mucha confusión… ¿Puede la repostería ser saludable? ¿Y la casera?

Desde el punto de vista gastronómico es un elemento a considerar sobretodo cuando hablamos de comer “en sociedad”. Solemos celebrar con platos dulces y la industria no ha hecho más que disponibilizar alimentos muy procesados y extremadamente azucarados y grasos de forma que en muchos casos se consumen casi que a diario, rebasando  así con creces las recomendaciones marcadas por la OMS en cuanto a la ingesta de este ingrediente.

Cuando hablamos de “repostería saludable” nos solemos referir a aquella que, aún existiendo un aporte importante a nivel calórico, los ingredientes empleados, al ser realizados en casa, están controlados por nosotros, pudiendo mejorar la composición de la receta final. De esa forma podemos usar grasas más saludables, harinas de cereales o granos integrales, azúcares naturalmente presentes en frutas como dátiles, higos y otras frutas secas, también frutos secos, etc… Ocurre normalmente que bajo la etiqueta de saludable se siguen incluyendo ingredientes como siropes, miel o edulcorantes, lo cual va a mantener en el tiempo nuestro “paladar dulce” y la necesidad de tomar estos platos; que con la excusa de ser más saludables consumimos con mayor asiduidad ese postre o dulce que tanto nos ha gustado; la conveniencia o no vendrá determinada por la frecuencia ya sea más o menos saludable, no nos debemos castigar ni restringir de forma radical, de forma que también se de cierta coherencia en relación a los objetivos que nos marquemos.

 

Elaboras un magazine sobre nutrición, que editas tu misma, y colaboras para diversos medios como ABC Bienestar. Más de una vez has incluido recetas con brócoli. ¿Eres fan del brócoli? 

¡Me gusta muchísimo! A los que seguís mi trabajo de comunicación relacionado con la alimentación y la salud, sabéis que me encanta asentar las bases sobre una alimentación de temporada y estacional, pero tengo que decir que consumo brócoli todo el año. Es una maravilla poder encontrarlo fresco y en todo su esplendor en los meses más fríos, pero siempre hay una o dos bolsas gigantes de brócoli troceado en mi congelador, y es que es un recurso maravilloso que puedes usar como acompañamiento o plato único junto a otros ingredientes, fácil y rápido de preparar. Si a eso le sumamos todas las bondades que posee a nivel nutricional y su versatilidad, ya no lo dudaremos más.

 

¿Cómo te gusta más preparar esta verdura?

Pues tengo que decir que aunque estoy desarrollando recetas a diario como parte de mi trabajo, combinando diferentes alimentos y explorando nuevos sabores y texturas, el brócoli me apasiona de una forma tremendamente sencilla de preparar. Simplemente lo blanqueo, para ello lo lavo, lo corto en ramilletes  y lo introduzco en agua abundante con sal hirviendo y pasados un par de minutos lo rescato del agua con una espumadera y lo paso a un bol con agua helada. Doro un ajo picadito en 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra, salteo el brócoli durante 1 minuto más en ese aceite aromatizado y lo sirvo con medio limón, me fascina la frescura que le aporta el zumo de limón recién exprimido.

Aunque parezca sencillo, el resultado es increíble, se me hace la boca agua de pensar en mi plato de brócoli con limón.

 

¿Qué recomendarías a algún despistado que aún no le haya pillado el punto al brócoli?

Lo primero, que no abandone en el primer intento. Si solo han consumido el brócoli demasiado cocido (lo sabremos porque ese aroma azufrado no es nada agradable), probablemente dirán que no les gusta, pero existen infinidad de formas que te permitirán mejorar esa experiencia en la mesa. Podemos comenzar por algunos trucos que empleo habitualmente en mis clases de cocina para niños. Trucos como:

– Hacer una cocción muy corta (blanqueado o «al dente») para que ese mal olor  a vegetal demasiado cocinado, no condicione el sabor que percibimos en la boca. También podemos saltear el brócoli crudo, es una de las opciones que permite conservar más nutrientes.

– Emplear en el cocinado o a la hora de servir un elemento graso, por ejemplo, aceite de oliva virgen extra, un elemento ácido como el zumo de limón o unas gotas de vinagre, o sal, permite que el sabor resultante sea más agradable, corrigiendo el amargor de la crucífera. Con la práctica descubrirás muchas otras opciones que siguen estas premisas, por ejemplo, puedes usar frutos secos como elemento graso, una buena mostaza como elemento ácido y salado, queso como elemento graso y según la variedad, también ácido y salado…con el tiempo podrás descubrir tu combinación favorita.

– Emplear especias, las que más nos gusten: cúrcuma, curry, pimentón, ajo o cebolla molidos, pimienta negra…

Acompañar el brócoli de otros vegetales como tubérculos o raíces con un contenido más alto en almidón, lo que permite que el sabor del plato resultante sea un poquito más dulce y agradable al paladar de aquellas personas que no están acostumbradas a comer grandes cantidades de vegetales.

– Y una última y es que, no tratándose de ocultar el alimento sino de prepararlo de una forma que nos guste más, podemos incluirlo en platos como hamburguesas vegetales, muffins, sopas y cremas,  potajes, pizzas, panes…no hay límite para la creatividad.