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La importancia de los maestros y de las maestras

Todos y todas recordamos a ese maestro o a esa maestra que nos animaba a cumplir nuestros sueños en la infancia o que nos motivaba de tal manera en su asignatura que nos hacía amar sus materias, por la manera pasional de contar cada temario y de acercarlo a cada alumno. O aquel o aquella que supuso un apoyo emocional en algún momento tras contarle un problema personal o un conflicto en clase o, simplemente, después de abrirle nuestros sentimientos.

Esos recuerdos bonitos o que han marcado nuestra infancia de manera positiva en el colegio se deben a haber contado con buenos profesores, vocacionales e implicados en su trabajo, que demuestran la importancia que tiene la figura de estos profesionales en el crecimiento y en la madurez de los más pequeños.

Porque un buen profesor no solo transmite conocimientos al alumnado, sino que debe hacerlo enganchando a cada niño y a cada niña de manera particular para convencerle de que aprender es importante y que esa información le servirá, de una manera o de otra, en algún momento de su vida. Y, sobre todo, inevitablemente, hace las veces de amigo y de psicólogo, aunque siempre desde el respeto mutuo y la autoridad, para tratar de ayudar a los niños y a las niñas en cada momento antes de volver a casa.

El consejo de un profesor empático, ‘vivido’ y cercano puede servirnos toda la vida. Incluso puede llegar a ser más probable, por ejemplo, que un niño se preocupe más por que su alimentación sea la adecuada en casa y lo pueda demandar a sus padres, si el maestro ha dedicado unos minutos semanales a recordar su importancia de forma clara y atractiva.

Porque ellos se convierten en una parte de nosotros, en corresponsables (junto a la familia) de la correcta evolución educativa y vital de los niños, maximizando sus posibilidades y su talento al tope, en el Día Mundial de los Docentes les queremos decir: ¡felicidades! ¡Sois una parte fundamental de nuestra sociedad! 😊